Del libro inédito Bajo el ala de la ola.

 

Remar en el vacío

Bogavante

esta es prueba de vida o muerte.

Este es mar insonoro.

Los remeros no se oyen entre sí.

La palabra tan cara para ustedes

agoniza.

Ya no pueden saber lo que los une.

Están a dos y medio metro de distancia

amarrados y amordazados.

La confianza ha caído al agua.

Remeros y remeras    bogavante.

¿Qué salvamos en este mar de nadie

mar de desperdicios?

 

[Poema II]

Desde hace un tiempo todo es marejada.

Un oleaje interminable que se masifica.

Un ir y venir

las cosas perdiendo sus trazos.

Una cadencia igual a su igual

la cuna de la monotonía.

Nadie puede decir qué pasa

y vamos pasando.

Volúmenes que se fragmentan

licúan

disuelven.

 

[Poema III]

Se ha hecho manida costumbre

destrozar la embarcación sobre las rocas.

De hacer lo que no se tiene que hacer.

De maniobrar con total impericia.

Platón diría que el piloto

no sabe dónde se encuentra el timón.

Que esta gran metáfora

de navegación de la sociedad

es un quebradero de cabeza.

Que el amotinamiento es

un estado permanente.

Que encallamos de nuevo.

Que hay que tirarse al mar

subir a los palos

o achicar y achicar

con lo que se encuentre.

 

[Poema IV]

Raspo el tintero

Algo quedará azultinta que se licúe

Que sea sangre milagrosa

Sobre un papel que no espera nada

La blanca desmemoria.

 

Que llegue aun en pocas gotas

Mar grisazul Azov

Mariúpol

Hoy letra muerta

Azul petróleo Ormuz

Azul cárdeno Gaza

Masacres

Muertos

Por arte no resucitarán.

 

Raspo la pastosidad azul

Mezclo años y añil

en la paleta de mis dedos

la sal el yodo la dermis.

 

La potencia marítima como dice Goethe

exige más.

 

[Poema V]

Nada convence en estos abismos.

La barquichuela episteme

navega escorada el espacio acuoso.

La nave de los locos y bateles de los infectados

animan la regata de huifas y quejidos.

Con gran esfuerzo el trirreme de los Convencionales

busca posicionar sus velas

en las cercanías de la inmortalidad

en los pinceles de algún marinista

en versos de los poetas embarcados

enfrascados ellos y ellas en la procela

como malos de la cabeza.

En este pedazo de historia presente

¿qué se puede hacer

ante una mar picada

encrespada como diablo

si no es escribir a muerte?

 

 

Elvira Hernández

Elvira Hernández nació en Lebu en 1951. Ha publicado quince libros de poesía, entre los que destacan ¡Arre! Halley ¡Arre! (1986); Carta de Viaje (1989), El orden de los días (1991), Santiago Waria (1992), Cuaderno de deportes (2010), Pájaros desde mi ventana (2018. Premio Círculo críticos de arte), Pena Corporal (2018) y La bandera de Chile (1991), obra paradigmática sobre los procesos dictatoriales, que ha sido traducida y publicada en Francia, Italia y Estados Unidos. Su obra ha sido antologada en los volúmenes Actas Urbe (2014), Los trabajos y los días (2016) Zona de desvíos (2018). El año 2018 recibió el Premio Nacional de poesía Jorge Teillier, y el destacado Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, ambos por su trayectoria literaria.

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