Elijo quedarme a diario

debajo del mapa debajo

de la nieve

una pampa descansa del viento

extenuada

una triste inocencia se conduele

del paisaje

debajo de esa frágil costra

avanza el magma

se enfurece la palabra

explota el aire

 

una boca repite una memoria, pronuncia

sin tregua

en distintas lenguas un eco

como cencellada se ramifica

regresa el blanco

a tapizar los canales patagónicos

 

es indescifrable la huella del agua y las raíces

 

la nostalgia se teje de pampa

de agua escasa

de un silbido que sobrevive

 

un cuerpo en descomposición camina

porque nadie pudo quitarte todo

excepto el pueblo de la infancia

hasta hacerse fantasmal

y te abraza

 

ni los gusanos ni los brotes de primavera

permitirán la muerte

en la furia histórica y oleaje de arterias.

 

El duelo es sombra que crece al atardecer

es tiempo detenido para hablar con amigos

la certeza de que estás

lejos de casa sembrando una tierra

que te dice: este no es tu hogar.

 

Cuando emprendes el viaje

comienzas una mentira

el equipaje se confunde

 

aprendimos voces y cambios de presión,

de las turbulencias

de la pista de hielo

el viento devolvía los aviones,

 

te vas

queda el pan sobre la mesa,

los vasos servidos, la ropa colgada,

las llaves puestas, el teléfono descolgado

 

tendrás que caminar a solas

a diario

elegir

 

quedarse es elegir

quedarse es volver

y es también otro equipaje que crece:

la ropa y los libros que hederamos,

la frazada que cobija la siesta

cuando afuera oprime

la ciudad donde

los rosales exigían demasiado,

al sembrarlos ya nos íbamos despidiendo

 

el coirón a ras del suelo

se mantiene estoico en la nieve,

le susurra a mis muertos

las arrugas surcan y cuentan la historia en el tacto

 

crece el paisaje:

la bandada de tordos

entra por la ventana y los oídos

en su migración inconclusa

las balas silban cerca de la laguna.

 

Y aquí nada es urgente

y a la vez todo apremia

sabrás, sigo en camino

aunque me quede en la ruta

nado en el rocío

antes que los autos pasen

con sus bocinas camino al trabajo

 

retorno, como único desafío a la muerte

 

en la entrada del pueblo

los perros fantasmas descansan en la orilla

nos acompañaron con saltos y lamidos

 

el olor de las paramelas

riega este viaje prosaico

como el aviso de la primera nevazón

el silencio de la esperanza acumulada

anhelo

del agua en el verano

 

los ñires saben que soy de aquí

y avisan las estaciones

entre colores y desnudos,

los huesos de mi padre

y de mi hermana

descansan

aún siembran el cementerio de Coyhaique

también me espera un lugar.

 

Conozco el mareo del retorno

 

al pueblo se llega subiendo y bajando

desde el mar y la pampa

 

las calles en las que creciste

ya no conversan con los abedules

que sacudíamos jugando a la lluvia

 

las calles ya no tienen al cómplice vecino

asomado en la ventana

 

tampoco asoman desde las chimeneas

el humo que invitaba a quedarse.

 

Ya nadie mira por la ventana

las pantallas se reflejan en los ojos

 

y, sin embargo,

no es duro el retorno

luego de habitar lo ajeno

 

en la espera,

movimiento infructuoso

 

hacia el hogar.

 

Las vacas miran mientras mastican

el forraje dejado en la veranada

no saben de la trashumancia

miran, como solo se puede mirar

sin esperar nada, avanzando

en el viejo rito sobreviviente

de la tropilla

 

acá el paisaje es gigante

y nos esconde bajo un glaciar

 

nuestra geografía

nos arropa cada noche

en el sueño fractal que recorre

los bosques arrasados por los incendios

 

no quedarán nuestros rastros

 

aún así, me detengo a mirar el rumbo

de la cola de los gatos que escapan

de las nubes que se transforman

 

acá el paisaje es gigante

y nos esconde bajo un glaciar

 

nuestra geografía

nos arropa cada noche

en el sueño fractal que recorre

los bosques arrasados por los incendios

 

no quedarán nuestros rastros

 

aún así, me detengo a mirar el rumbo

de la cola de los gatos que escapan

de las nubes que se transforman

 

los gansos continúan su reunión sindicalista

van en grupo por aquí y por allá

discutiendo los asuntos más importantes

que caben en su plumaje

 

requiere trabajo insistir en el refugio y la comida

antes de las escarchas que nos detendrán

 

continúa la palabra mirando

y porque nada ocurre

es necesario desacelerar el pulso

acostarse en el árbol caído

a orillas del río mirar las historias

de los abuelos, de los paseos y juegos

con los primos y esa familia extensa,

 

el oleaje de la memoria rumbo al mar

alimenta los bordes de los archipiélagos

 

 

 

Valle Verde conoce tus pasos

y las voces que quedan en la tragedia

y las sonrisas

entre el barro y la humedad de Aysén

 

es el pulso tectónico del Istmo de Ofqui

que podría desaparecernos.

 

Nada hay en esta derrota

solo ojos y tiempo

y los pulmones que inflaman la esperanza

el corazón rebota con la sangre

la imposibilidad de mezclarse con la tierra.

 

Volver a casa requiere un plan

simple

acudir, por ejemplo, a golpear la puerta

del antiguo vecino

esa otra familia extensa del pueblo

 

acudir, por ejemplo, a los mates

para cubrir la lejanía

 

y abrir las maletas.

 

Todo es ayer.

 

No preguntan dónde estuviste.

 

Ayer, detrás de la cocina, ayer

con el inalterable rostro de la infancia.

 

Ayer, escuchábamos la radio AM

los mensajes a la comunidad

nombran a alguien y es preciso

entregar el recado en la montaña y en la costa.

 

Desde ayer, estás aquí

hasta ayer, trabando la puerta

con una tranca de nostalgia

 

bajándonos del auto para abrir las tranqueras

caídas en el barro, sin testigos

podríamos desaparecer y seguiríamos, ayer.

 

El café donde comprabas galletas de maicena

permanece en la esquina

 

ayer, te da la bienvenida mientras afuera

el viento blanco entumece nuestros huesos,

la madera seca se hincha con la nieve

se deforma con los años en este ciclo

de salidas de emergencia

 

eran jueves de sopaipillas pasadas

mirando la nieve, encerradas en el silencio

como refugio de fuego

 

hay una fiesta de pájaros y hojas afuera

cantan sin dejar registro de su canto

cantan como respiramos

por los amigos que han muerto

 

las calles se han deshabitado

hay cosas demasiado pequeñas

por las que vale detenerse

 

la hoja que seguía por el riachuelo callejero

con el pelo y los cuadernos estilando

ese deseo de avanzar en el agua mientras

el rostro resiste a la lluvia

diminuta, sobre la hoja sorteando el caudal

 

quisiera regalarte tiempo

como a nuestro gato viejo

que nos pasa su pata por el rostro

que se viene a acostar a mi lado

 

quisiera regalarte tiempo

como las aves cuando amanece

nombrar su canto para ti

aire, aire

contra el ruido

en la vida diminuta

y trazos de acuarela

moviéndote hasta que el tiempo

fije la imagen impredecible,

 

alguien aquí conoce

mi nombre en diminutivo

entonces, sé que es hora de volver

para abrazar el follaje y sujetar la piel,

la niñez sin calles ni edificios

 

¿fue ayer que comenzó este duelo?

 

El reclamo queda en tiempo presente

como el aletear del colibrí

porque la lengua desaparece

y queda el sonido apretado de la sangre,

en la distancia los vientos revueltos de noviembre

me dicen que olvide la nieve

pero en mis ojos continúa nevando

entonces

supongo que lo escribo

para nombrar lo que olvido al despertar

entonces

 

aquí estoy nuevamente

pulpo que se escabulle

lanzando su tinta.

 

 

Ivonne Coñuecar

Ivonne Coñuecar (1980). Escritora, poeta y editora de Coyhaique, Patagonia chilena. Magister en Literatura Hispanoamericana Contemporánea y periodista por la Universidad Austral de Chile. Fue becaria de la Fundación Neruda (2007). Publicó “Catabática” (2008), “adiabática” (ediciones Kultrún, 2009), trilogía que finaliza con “Anabática”, reunida en “Patriagonia” (Lom Ediciones, 2014); “Chagas” (editorial Fuga, 2010) y “Trasandina” (Ñire Negro, 2017) y “Maleza Anfibia” (ediciones Kultrún, 2026). El 2023 fue reconocida con el Premio Regional de Arte, Cultura y Patrimonio de Aysén, trayectoria en poesía. Su primera novela, “Coyhaiqueer” (Ñire Negro Ediciones), obtuvo el Premio Municipal de Literatura de Santiago 2019.

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