Rocío Contreras Gómez

Unas cinco cajas, más de setecientos registros: libros, revistas, dibujos, hojas arrancadas de algún cuaderno. Una máscara de oxígeno —su máscara de oxígeno—. Un pañuelo de tela. La vida resumida, o una pequeña parte de aquello que todavía es posible ver. Distintos manuscritos de sus libros: Piedras Rodantes (1988), por ejemplo, en una versión con acoclip y otra anillada. La portada de Hija de perra (1998), que por error de impresión terminó siendo una postal. Álbumes de fotos de viajes, diarios, textos de presentaciones de libros ajenos, borradores, guiones a medio hacer, escenas sueltas de dramas lésbicos y lucha de clases. Figuras de virgencitas, amuletos y una placa metálica que dice «poeta». Como en todo archivo, este material devuelve su imagen como un espejo, es imposible no dejarse afectar.
Los materiales y papeles tienen un olor muy particular, comentan quienes lo clasificaron. Hay algo místico en sus objetos y se siente demasiado personal. Es justo como su poesía: reemplazaría la palabra olor por densidad. “Soy un animal de la vida y las letras”, dijo ella misma en una entrevista que decidió guardar.
¿Estoy ante un animal?
La trayectoria de Malú es reconocida por obras como Nada (2003) y Bracea (2007), pero también se constituye de otros proyectos ligados a las prácticas artísticas audiovisuales e instalaciones como «Poesía es +», junto a Nadia Prado; y La luz que me ciega, un multimedial en colaboración con Paz Errázuriz. Recibió múltiples invitaciones a universidades como Harvard, Princeton, entre otras, además reconocimientos como el premio Mejores Obras Literarias Publicadas del Consejo Nacional del Libro (2004), el mismo año el Premio Municipal de Santiago y el Premio Pablo Neruda (2006).
Entre todo el material organizado hay dibujos y pensamientos escritos a mano. Como si cada papel fuera una oportunidad. «Un vidrio / es una cosa que un pájaro / jamás podrá imaginar», escribe.
Pido permiso para revisar. Me dedico a lo que vine, miro, hojeo, trato de encontrar alguna pista. Me cruzo con reflexiones sobre su propia escritura. Encuentro hojas sueltas: anotaciones de ideas, listas de pendientes, diálogos en una esquina del papel o expresiones que le servirían para sus personajes de producciones de cine y televisión como Los Venegas, El día menos pensado, El reemplazante o Mujeres de lujo, entre otras teleseries que articularon el imaginario del Chile de los 90 y los 2000.
Lo primero que llama mi atención es la escritura de una escena en la que unas hermanas que exploran sus cuerpos se tocan toda la tarde al volver del colegio. También hay papelitos con dedicatorias muy cariñosas. Como este mensaje que le enviaron:
«Madrugada del martes 14 de febrero. Estuve hablando con vos toda la noche… y una vez nos despedimos, en esta hermosa, cálida madrugada, preparo con infinita ternura tus regalos. Me llena de placer y alegría pensar que tus manos van a desenvolver el papel, que tus ojos van a ver las cosas que elegí para vos».
Lo siguiente que encuentro es la postulación a la Beca Guggenheim. Malú Urriola postuló un proyecto para terminar de escribir El corazón en un zarzal de espinas, que se adjudicó en 2009. En su fundamentación, se lee: «Mi preocupación literaria se ha centrado en construir un sujeto poético que surge desde la conflictiva superficie del margen, (según el orden de pensamiento de la crítica Nelly Richard), es decir, desde su pertenencia a lo minoritario. En tanto mujer y lesbiana, he pensado continuamente en las relaciones entre literatura, poder y diferencia: literatura/oficialismos, literatura/burguesía, producción textual y género. Desde la discusión con estos espacios fuertemente jerarquizados por los capitales simbólicos (como dice Pierre Bourdieu) me gustaría establecer una escritura que erija un habla poética fluctuante y polivalente».
En este sentido, la posición que Malú ocupa su escritura no solo se articula desde el margen literario, sino también desde las estructuras que organizan el género y el deseo. Su preocupación por construir una voz situada dialoga con lo que Monique Wittig llama pensamiento heterosexual, en respuesta a un régimen de organización de la vida, los modos de representación, el lenguaje y la producción cultural. Asimismo, la noción de resistencia y de fuga se sustentan también en reacción a un sistema impuesto, o la heterosexualidad obligatoria que propone Adrienne Rich. Así, es posible comprender cómo el deseo lésbico está presente en la obra de Malú, no solo como parte de su experiencia íntima, sino como una metodología para cuestionar las lógicas de dominación.
En la presentación de Dame tu sucio amor (1994), Soledad Fariña hablaba de su estilo, y de cómo iría plegando y desplegando su interés por la escritura. «A veces masoquista, su palabra consigue el tono de la pasión implacable que, sin embargo, no puede ocultar el temblor de la compasión».
Pareciera que lo reafirma después Eugenia Brito, en documentos que constituyen este mismo archivo. «La escritura de Malú es un pacto con la muerte». Malú lo sabía y lo deja claro en El instante, un texto de Cuaderno, la revista de la Fundación Pablo Neruda. «No puedo desmembrar vida y poesía, pues las reconocí juntas al aprender a leer y sé que forman parte de algo inabordable que reafirma mi pequeñez e insignificancia».
Es cierto, estoy ante un animal.
Este conjunto y recorte de su vida podría leerse también como una constelación de pertenencias, una escena, o un lugar de enunciación que va dando pistas o dejando huellas de una obra en proceso y de la propia vida. Este archivo documenta relaciones con amigas, amores, también con otras intelectuales: Nadia Prado, Diamela Eltit, Soledad Bianchi, Eugenia Brito, Carmen Berenguer, Rosabetty Muñoz, Soledad Fariña y Pedro Lemebel.
¿De dónde emanaba esta sensibilidad, pasión y desgarro? ¿De dónde proviene toda esta oscuridad que interpela y la agilidad y acidez de sus palabras?
«Para vivir y escribir poesía hay que tener huesos que no teman hacerse polvo. Soy un animal de la poesía, que persiste en el encomio de entregar los músculos para experiencia fugaz».
Además de trazar el mapa de una escena artística e intelectual, con nombres como Lina Meruane, Alejandra Costamagna, Karo Castro o Manuela Infante, este archivo revela una forma de escritura expandida donde deseo y producción literaria son inseparables, permitiendo establecer puntos de fuga o salida para una genealogía de la poesía o de las escrituras contemporáneas en Chile. Para Malú era parte de un posicionamiento político disidente que no pretendía ocultar, pero que en ocasiones pareciera ser una ensoñación o una fabulación. Abrir la imaginación a ser otra, a encontrarnos con otras, jugar a ser personajes e inventar diálogos o entretenernos con dramas lésbicos ficticios.
La fabulación aquí constituye una práctica política de imaginación, proveniente de la tradición crítica y teórica. Para Donna Haraway, por ejemplo, no significa negar la realidad, sino proponer nuevas posibilidades para abordar el presente, pero también para crear futuros. En el archivo de Malú Urriola, los apuntes para la confección de guiones o las escenas inconclusas son juegos narrativos que podrían no solo registrar experiencias disidentes, sino también permitir habitarlas.
Es imposible –tal como la propia Malú concebía–, fragmentar los aspectos de su vida. El archivo de Malú Urriola no es un inventario, no es tampoco solo la huella de su pensamiento y de su producción poética y literaria, es una forma de escritura expandida en la que su vida, sus afectos y su creación se entrelazan. Encarna y rompe con cualquier frontera entre experiencia, cuerpo y escritura. Lejos de fijar algo, se desborda entre versiones inconclusas, fragmentos, notas al margen o recuerdos, es una prolongación de su propia obra y un dispositivo póstumo como diría Javier Guerrero. De modo que todavía después de archivado continuara existiendo un ejercicio de (re)escritura inacabable. Más que condensar una obra terminada, estos materiales y objetos de la poeta parecen confirmar aquello que Derrida advierte sobre los archivos incompletos. Ningún archivo conserva únicamente aspectos de la vida de una persona, sino que abre nuevas lecturas y reorganiza los sentidos, frente a algo que no termina de fraguar.
Periodista y editora. Creció en la región de Ñuble.