Traducción de Ariel Florencia Richards

 

El abanico de encaje negro que me dio mi madre

 

Fue el primer regalo que él le dio a ella,

lo compró por cinco francos en las Galerías

del París de preguerra. Hacía un calor sofocante.

El tiempo, pesado y sin estrellas, hacía que las noches

fueran tormentosas.

Se habían quedado en la ciudad durante el verano.

Se encontraban en cafés. Ella siempre llegaba temprano.

Él, tarde. Esa noche, incluso más tarde.

Envolvieron el abanico. Él miró su reloj.

 

Ella miró hacia el Boulevard des Capucines.

Pidió más café. Se levantó.

Las calles estaban vaciándose. El calor mataba.

Ella pensó que la distancia olía a lluvia y a relámpagos.

 

Estas son rosas silvestres, bordadas en seda a mano,

en tonos oscuros, cosidas con trazos audaces y rápidos.

El resto es carey y tiene la reticente

paciencia de su elemento.

 

Es un tesoro gastado, envejecido y conserva,

incluso hoy, un indicio de su transgresión.

El encaje está oscurecido como si el clima

para el cual se abría y al que se oponía, hubiera penetrado en él.

 

El pasado es la terraza vacía de un café.

Un bochornoso anochecer antes del trueno. Un hombre corriendo.

Y no hay forma hoy de saber qué pasó entonces

—ninguna forma— salvo, claro, que se improvise:

 

El mirlo en esa primera mañana sofocante

de verano, buscando brotes, gusanos, fruta,

siente el calor. De pronto despliega su ala

—toda, completa, coquetamente estirada.

 

 

Atlantis, un soneto perdido

 

¿Cómo era posible, solía preguntarme,

que toda una ciudad —arcos, pilares, columnatas,

por no hablar de vehículos y animales— hubiera desaparecido

un buen día y para siempre?

 

Es decir, me repetía a mí misma, que por esa época el mundo era pequeño.

Pero seguro que se echaría de menos una ciudad grande, ¿no?

Extraño nuestra antigua ciudad,

la pimienta blanca, el budín de avena, tú y yo encontrándonos

bajo lumbreras y cielos bajos para volver a casa. Quizá

lo que realmente ocurrió es esto:

 

los antiguos creadores de fábulas buscaron con ahínco una palabra

que expresara que lo que se ha ido se ha ido para siempre y

nunca la encontraron. Y así, siguiendo las mejores tradiciones del

lugar de donde venimos, le pusieron nombre a su dolor

y lo ahogaron.

 

Cómo hicimos un nuevo arte en tierra antigua

 

Una famosa batalla tuvo lugar en este valle.

Nunca entendiste los poemas sobre la naturaleza. Hasta ahora.

Hasta este momento —si estas afirmaciones te parecen lejanas,

inconexas, sigue al silencio hasta su borde

y vas a escuchar la historia del aire;

la frescura de un helecho o el corte hacia arriba

y el giro de un tordo o zorzal inscrito en él.

 

La otra historia es muda: el estuario está ahí.

El asunto fue decidido aquí: dos reyes preparados para no darse cuartel.

Entonces un rey y una tradición muerta.

Ahora la oscuridad húmeda, las antiguas heridas

esperan su lenguaje, su verdad diferente:

 

Cuando veas la seda del sauce

y cómo la orilla más ancha del río gira

y se oscurece más y más,

entonces sabrás que el poema sobre la naturaleza no es la acción ni su final:

es este óxido en la verja junto a los árboles, está en

la rejilla para el ganado bajo nuestros pies,

en el eje del volante: es una secuela,

un revestimiento e incluso en su forma más modesta,

un arte de la paz:

 

Intento la palabra distancia y se llena de sicomoros,

del polen de todo un verano.

Y al escribir valle la paja, el metal, la sangre,

los juramentos y armaduras se quedan sin escribir.

 

El silencio se extiende lentamente desde estas palabras a esos acebos

parte dentro parte fuera de sombras

que caen sobre el llano vacío

de la orilla sur junto a Yellow Island

mientras el ocaso muestra

cómo su dulce desgaste

empieza a completarse:

 

Lo que vemos es lo que el poema dice:

el anochecer que llega —ganado, las sombras del ganado—

y las matas de tojo y el cambio de tiempo a punto de cambiarlo todo:

lo que vemos es cómo el lugar y el tormento del lugar

están en este momento libres el uno del otro.

Ariel Florencia Richards

Es escritora e investigadora en artes visuales. En 2023 publicó la novela Inacabada.

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