Somos polvo de estrellas

Las madres no se van.

Las madres mutan hacia el origen

en un movimiento

————-circular o elíptico

porque ellas contienen esa materia lumínica

que une el principio y el fin.

 

Las madres parten hacia el centro de todo

despojadas ya del peso material.

Se van desprendiendo un poco aturdidas

mientras giran a su alrededor escenas

de su paso por esta frágil estación.

 

Caleidoscopio amoroso:

momentos de su infancia

fugaces imágenes que van componiendo una vida.

Tanta gente amada

los hijos entre ellos.

 

La vimos envejecer en sus palabras, la sentimos

apagarse de a poco

Ahora, desde el dolor rotundo

hondo de su orfandad

compartimos el tiempo

———–de la transformación materna.

 

Las madres no desaparecen.

Las madres siguen multiplicadas en sus brotes,

descendencia y suma de partículas

que avanzan también

———-a su propia nebulosa.

 

Carne y silencio

 

Es más triste peor

mirar al pobrecito cadáver

buscando algo, un pedazo de lata, un clavo

—————uñas para escribir en el muro

 

Mientras afuera, los gritos

 

Sostenida la tensión de la carne

más allá del silencio

cae la tarde sobre ellos

en espantadas filas de frazadas

furia

 

(Eso hacíamos

despertábamos esperando

nos acostábamos esperando)

 

La pista de cenizas

debajo de la marquesina

velódromo

pasillos

caracolas

el disco negro en la pista de cenizas

 

 

Veintiocho camarines, cien hombres en cada uno

Cadenas  candados  orines sangre

Filas    frazadas    furia

 

 

(No he sabido nada de él

No figura en las listas

Es mi único hijo el que está ahí

Yo también estuve en esa escotilla)

 

Ese cuerpo

herido por yatagán

se tapa los oídos

la música tan alta por parlantes

——-los mismos ahora

que entonces.

 

Repercuten las vibraciones

———–en su músculo

No hay descanso

 

De todos modos, se hacen cosas

torres de ajedrez, con cualquier resto

miniaturas

Se canta

espectáculo vergonzoso hubo alguna vez

imitación de la alegría fingida de la televisión

máscara sobre máscara

 

 

(Yo estuve ahí

Mire ahí debajo, tiene que estar mi nombre

lo escribí con un clavo

y puse la fecha)

 

Es mejor el silencio

Pero los alaridos

Siguen zumbando

——-entre los himnos de las barras bravas.

 

 

Y hambre

la primera de las torturas

hambre en la tribuna presidencial

——–hambre  en los portones de acceso

 

(Les pegaban en la planta de los pies

El impacto de la luz es muy fuerte)

 

 

Aquí estoy

moretones en todo el cuerpo

No tenía nada qué decir

Pero golpes durante todo el viaje

y a la llegada

Pero callejón oscuro

culatazos

Costillas fracturadas

Cabezas rotas

 

 

(No nos dejan dormir

Nos tendemos

de a tres por el frío, como ve

por favor no me pregunte nada

a mí me toca mañana)

 

Lo que hice no tiene nombre, dice el oficial

esta misma tarde lo dijo

después de tanto tiempo

 

(Una vez lo vi

en las páginas sociales de El Mercurio)

 

El encapuchado indicaba

era como irse al infierno.

 

En el disco negro

había alguien colgando,

La lengua más grande que la boca.

 

(No tomes agua porque te puedes morir

Y se reían

Correas y placas metálicas

Y se reían)

 

Amnesia

 

También estos tienen la cara pintada

ojos desorbitados

y gritan

también arrasan

fracturan a los rivales

cantan canciones de odio

y obligan a corearlas.

Aúllan en las graderías y en los aparatos

acallan los murmullos de la memoria.

 

Así como el Puma H. 255 que está ahora

en un campo de juegos de guerra

para divertimento

de niños armados

———–se cumple la misión

juegan.

 

Tomaron al primero, todavía vivo y lo empujaron al mar

al segundo de las axilas, con los pies afuera

el tercero trató de resistirse.

Los tres tenían rieles amarrados en los pies.

Estamos listos dijo el oficial y se elevaron

rumbo a la costa.

 

Los vuelos de la muerte

partidos a estadio lleno,

trajes pintados con impactos de colores.

 

Simples ciudadanos

en escaramuzas de guerra.

No ven

los cuerpos, las filas

———-las frazadas.

 

Esa honda pena.

 

 

Créditos fotografía: Marianne Fuentealba

Rosabetty Muñoz

Rosabetty Muñoz es una destacada escritora, poeta y profesora chilena proveniente de Chiloé, ha dedicado gran parte de su carrera a enseñar a las y los niños de Ancud. Es autora de obras como “En lugar de morir”, “Sombras en El Rosselot”, “Ratada” y “Técnicas para cegar a los peces”. En 2024 ganó el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda entregado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

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