Imágenes de la tesis “Transformación y catarsis: una historia gráfica de la violencia política en México (1989-1994)”, de Nicolás Jorquera.

 

Tesistas de Historia UDP con habilidades para el dibujo están creando narraciones gráficas para llegar a otros públicos 

 

Durante la última década ha surgido una tendencia innovadora dentro de la historiografía contemporánea: la historia gráfica. O quizás tendría que decir su validación en un nuevo formato, porque, con antecedentes provenientes de distintas tradiciones culturales, la construcción de narrativas históricas basadas en imágenes nos ha acompañado desde hace mucho tiempo. El desarrollo de la ciudad, la consolidación de la cultura de masas, la estratificación del consumo y la revolución tecnológica son algunos de los procesos históricos que están íntimamente ligados a la producción de narrativas culturales como la historia gráfica. Aquí propongo que, lejos de ser una mera popularización del contenido histórico, la más reciente oleada de historia gráfica tiene el potencial de desafiar y renovar las metodologías y epistemologías de la disciplina, abriendo la academia a nuevas audiencias y ofreciendo noveles formas de interpretar, representar y comprometerse con el pasado.  

Desde los brumosos orígenes disciplinares, el ejercicio social de la construcción de narrativas explicativas del pasado ha estado directamente influenciado por los distintos contextos históricos o escuelas de pensamiento que han dominado la disciplina. Una suerte de relación dialéctica entre la realidad material objetiva que condiciona nuestra existencia y la superestructura ideológica que la imagina, sustenta y reproduce. Por lo tanto, la historia gráfica actual hay que enmarcarla en los cambios culturales que hemos experimentado como sociedad, pero también en relación con el desarrollo de la disciplina de la historia.  

Si quisiésemos listar el desarrollo de distintos giros historiográficos en los últimos siglos, tendríamos el giro positivista en el siglo XIX, el giro de la historia de las ideas, el giro marxista, el giro cuantitativo, el giro de la historia social, el giro cultural, el giro lingüístico, el giro poscolonial, el giro de género, el giro transnacional/global y el giro ambiental; todos aportando formas de interpretar el pasado, con nuevos sujetos de estudio, herramientas y enfoques. En este sentido, la más reciente oleada de historia gráfica hay que entenderla en la materialidad que sustenta nuestras diversas experiencias de modernidad global actual, y por sobre todo en las nuevas formas de ciudadanía que hemos ido trabajando a partir de la incorporación de sujetos históricos no observados por la historiografía tradicional, como mujeres o minorías étnico-raciales que no solían ser protagonistas de narrativas históricas.  

A esto hay que agregar que si bien la imagen siempre ha estado instalada en diversas culturas, con estatuas, pinturas o libros de historietas, la centralidad de la imagen en nuestra cultura contemporánea no tiene precedentes. El avance de la tecnología de los últimos treinta años masificó el uso de celulares, computadores portátiles y tablets, modificando así nuestras formas de comunicación y permitiéndonos compartir información /imágenes instantáneamente, y con ello confeccionar archivos personales impensados en el pasado, lo que sin duda repercute en nuestras formas de construir memoria y narrativas históricas. Se podría decir que pensamos en imágenes. El celular como extensión de la mano modifica las formas de percibir, procesar y archivar la información. Por lo tanto, una historia gráfica dialoga mucho mejor con esas nuevas mentes que lo que podemos definir como textos tradicionales. 

Así como la Escuela de los Annales introdujo nuevos objetos de estudio durante las décadas de los 50, 60 y 70 (clima, mentalidades, cultura material), la historia gráfica está abriendo nuevas perspectivas al focalizarse en historias que relatan la vida de sujetos históricos no hegemónicos como los mencionados. Al acto político de la elección de los protagonistas se suma la articulación de una forma renovada de contar esa historia. La imagen constituye una dimensión clave de la existencia, por lo que resulta fundamental la elección de imágenes que evoquen un contexto o significado para contar esa historia. La historia gráfica apunta a una ecuación ideal que combine imagen y texto de un modo que le permita comunicar incluso temas complejos a través de una representación más matizada de la memoria, el trauma, la temporalidad y el espacio. Al tratar de comunicar más allá del texto, la historia gráfica invita a negociar imágenes entre nuestras concepciones previas y las que plantean los/las autores/dibujantes.  

Lo que denominamos académicamente el giro gráfico, por lo tanto, se nutre de los aportes que fueron relevando las distintas corrientes anteriores que de alguna manera prepararon el terreno para su desarrollo. Por ejemplo, los dos momentos importantes de la historia en su variante narrativa, primero en el siglo XIX y después en su resurgimiento en las últimas décadas del siglo XX, con el trabajo de autores como Jules Michelet en el primer caso y Hayden White en el segundo. Por otro lado, el giro cultural británico, influenciado por intelectuales como Edward Palmer Thompson y Raymond Williams, empujó por instalar en el primer plano la cultura, la experiencia y las voces subalternas (desde las lógicas de clase). La llamada microhistoria italiana también aporta con esa relación entre lo particular y lo global que alimenta muchas de las actuales agendas intelectuales de la historia gráfica, y que propugna conectar memorias/historias personales con contextos históricos más amplios, creando un espacio donde la experiencia individual se encuentra con la historia colectiva local o global. Al retratar cómo la gente común experimenta la historia, las propuestas gráficas dan protagonismo a perspectivas de historicidad “desde abajo” que democratizan el registro histórico y resuenan con el énfasis del giro cultural en la creación de significado, la identidad y la construcción narrativa.  

 

 

Si revisamos los catálogos de las editoriales universitarias de prestigio global podemos percatarnos de cómo los historiadores e historiadoras profesionales han incursionado en este ámbito, investigando y relevando historias que merecen ser contadas y absorbidas por audiencias especializadas, pero por sobre todo por el público general. En este sentido, la historia gráfica contiene en sí misma una declaración política que busca reivindicar la narrativa histórica como el producto de una excelente investigación, pero además disfrutable y entretenida. Si un artículo o libro académico exitoso es leído por una cantidad importante de pares, esos números empalidecen al ser comparados con el público potencial de una buena historia gráfica. 

Es importante destacar, entonces, que la historia gráfica no es solo una herramienta didáctica sino que replantea las formas de comunicar el conocimiento histórico. La odisea de Juan Bautista Túpac Amaru: Un testigo de la era de la revoluciones, del historiador Charles Walker, ilustrado por Liz Clarke, revisita un periodo de la historia ampliamente investigado por los especialistas colonialistas, pero lo hace con una mirada fresca, focalizándose en actores que la historiografía tradicional no calificó como lo suficientemente relevantes, y los sitúa en un contexto local y global, mapeando sus trayectorias y explicando a través de ellas cómo operaba el poder a finales del siglo XVIII y principios del XIX.  

En Battle Lines: A Graphic History of the Civil War, el historiador Ari Kelman indaga en una de las temáticas más estudiadas por la academia estadounidense, la Guerra Civil, pero lo hace con una prosa y una selección de imágenes que transformaron el libro en una de las más originales formas de revisitar lo que los estadounidenses consideran el episodio más dramático de su historia. Desde el sur global, el autor de cómics y profesor brasilero Marcelo D‘Salete publicó Angola Janga: La historia real de los esclavos huidos y el reino que crearon en el Brasil del siglo XVI (Premio Eisner 2018), que recuenta la historia del quilombo más grande de la historia de Brasil desde la mirada de un intelectual negro consciente de la importancia de relevar la presencia de los afrobrasileros en una sociedad que, a pesar de ser predominantemente negra, sigue limitando su rol en la esfera pública, en la educación universitaria y en las investigaciones históricas. Otro buen ejemplo es el caso de Paco Roca, historietista e ilustrador español que ha indagado en temas históricos complejos como la memoria histórica sobre la Guerra Civil Española y el exilio en Los surcos del azar 

 Todos los textos mencionados de alguna manera apuntan a tratar temas sociales estructurales de cada una de las sociedades en cuestión. El mejor ejemplo de que el formato permite un tratamiento serio de temas complejos es la clásica novela gráfica Maus: Relato de un sobreviviente, de Art Spiegelman, quien relata la historia de su padre Vladek, quien sobrevivió al Holocausto, dibujando a los judíos con cabezas de ratones y de gatos para el caso de los nazis.  

Hoy, la mayoría de las editoriales universitarias más respetadas del mundo tienen colecciones de historia gráfica, sin mencionar las editoriales comerciales que ya “descubrieron” su potencial económico. 

En Chile también hemos visto un auge en la publicación de historias gráficas en los últimos años, pero lo que me parece más interesante es la generación de tesis de licenciaturas en Historia para las cuales los estudiantes han elegido la historia gráfica como formato y herramienta de desarrollo. Sebastián Calderón y Nicolás Jorquera, estudiantes de Historia en la Universidad Diego Portales, escribieron e ilustraron sus innovadoras tesis en forma de narraciones gráficas que se hacen cargo de lo que hemos planteado. Calderón, en su tesis Gallo Rojo: la historia de José Efraín Cortez, indaga en la vida de José, un chilote “chasquilla” que emigra a Estados Unidos en búsqueda de mejores oportunidades durante los años 20 del siglo pasado; vive la crisis económica de 1929 en Nueva York y posteriormente viaja a España para unirse a las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española.

 

Imágenes de la tesis “Gallo Rojo: la historia de José Efraín Cortez”, de Sebastián Calderón.

 

Por su lado, la tesis de Jorquera, “Transformación y catarsis: una historia gráfica de la violencia política en México (1989-1994)”, explora en la cultura popular y sus implicancias para entender la violencia política durante parte del periodo neoliberal en el México contemporáneo. Ambos autores asumieron todas las tareas de un producto de este tipo: la investigación, la escritura, el dibujo –para el cual tenían habilidades– y finalmente el montaje gráfico de todos los elementos de una narración histórica ilustrada. 

 

Imágenes de la tesis “Transformación y catarsis: una historia gráfica de la violencia política en México (1989-1994)”, de Nicolás Jorquera.

 

En las temáticas seleccionadas por ambos tesistas se puede apreciar la influencia en las nuevas generaciones de investigadores de perspectivas historiográficas como la historia transnacional, la microhistoria o la historia cultural, pero en principio el formato de la historia gráfica no tendría por qué limitarse a ellas. Una de las grandes potencialidades de la historia gráfica es la capacidad de revisitar estilos más clásicos de narración histórica, pero aggiornarlas para nuevos públicos.  

En síntesis, la actual historia gráfica académica no debe entenderse simplemente como un formato alternativo de contar historias, sino como la manifestación de nuevos paradigmas historiográficos que reconsideran las fuentes de la historiografía tradicional desde una lógica visual, replanteándose la forma en que contamos la historia, y para quién, esto es, reforzando el acto político de llegar a la mayor cantidad de lectores posibles.  

Cristián Castro

Es director de la Escuela de Historia UDP. Es doctor en Historia por la Universidad de California, Davis, y algunas de sus áreas de interés son la historia de Brasil, la historia de las personas afrodescendientes en América y la historia de la prensa.  

Skip to toolbar